Soy una mujer joven buscando resolver esos misterios de la vida, no solo los que me tocan a mi, sino de las grandes protagonistas de mi vida, y si se fijan...protagonistas. Nuestras vidas son una constante teleserie donde el único final seguro es la ultima edad a la que la muerte toca la puerta.
En esta ocasión vengo con la interrogante ¿existe un final feliz? no me respondan, ni se respondan, el único final feliz que he conocido, y no directamente, fue el de la muerte en un sueño de la suegra de una amiga de mi madre, la muerte soñada por todo ser humano en esta tierra, sin dolor, sin pensar, sin comprometer ultimas palabras a nadie, un último largo aliento para hundirse en la cama y soñar para siempre, eso... eso es perfección. Dejando la muerte de lado como parte de nuestra naturaleza humana y el certero final, la muerte, hay otra cosa mucho más certera que la muerte y también parte de la naturaleza, para hacer este extraño pero real enganche, volvemos a los hombres, mi ejemplo es claro ahora, nunca he sido una persona de relaciones duraderas pero comprendo en las relaciones de pareja que, hombres y mujeres buscan equidad en sentimientos y acciones, pero como mujer no diría lo mismo. Una vez un amigo abogado me puso sobre la balanza en mi relación, en ese tiempo, buscando la justicia, el equilibrio, en esa relación, y me hizo comprender que siempre hay uno que tiene más el control sobre la situación y que en ese caso la persona que dominaba más en la relación era yo, y descubrí con el tiempo y los años que esa misma lógica la podemos llevar al cariño, el amor y las ganas de desear a la otra persona, nuevamente dejo la pregunta ¿podemos medir todos nuestros sentimientos y acciones hacia la otra persona? no hay un reloj ni un calendario, ni una pesa, ninguna tabla de medidas en cantidad o tiempo que pueda tomar el volumen de lo que llevamos dentro, por naturaleza femenina somos tristemente las que sentimos con más intensidad aun estando confundidas entre dos o más amores. Somos uno seres extraños que viven y sienten todo con más intensidad, somos quienes terminamos amando más, ya sea a un hombre o una mujer, quizás por eso, ni el entendimiento ni las diferencias nos quitan ese arrebatado amor hacia nuestras madres, ni las diferencias, los castigos les pueden quitar esa ira de amor femenino, ni a las hijas la rabia.
La naturaleza femenina está siempre presente, no hay un tiempo determinado para esta que está presente durante toda la vida y como es natural...se va junto a la muerte.
