Hace algunas publicaciones escribí sobre la impresión que tuvo una prima al ver en mi pieza una cajita de condones, que adorable, sólo tenía veintidós años.
Bueno hoy tendrá sentido esa cajita de condones. Durante un largo periodo me costó entender lo que era el sexo casual, pero como era tan estúpida no sabía que lo de casual era realmente casual y no "programado". Pasé por un periodo en el que no me gustaba nadie, no quería nada con nadie (como lo es la mayor parte del tiempo) y no sabía que hacer para tener un rico encuentro sexual, hasta que encontré al zorro, así se hacía llamar. No era el tipo de tipos que me gustaba, pero era alto y eso ya era un punto para hacerlo de mi tipo. Recuerdo que había llegado al acuerdo de ir a su casa, al salir del trabajo me iría directo a su madriguera. Esa semana fue rápida, fije una cita para depilarme y compré una caja de condones, creyendo de manera ilusa que me darían como caja. No sé en que momento se me pasó por la cabeza acceder a tal circunstancia, llegué al metro y fuimos a una botilleria para tomar algo y romper el hielo, el había comprado una cerveza para él solo (de litro) y yo tuve que pagar la mía, la cual no logré terminarme. Llegamos a su casa y empezó todo el manoseo, el babeo y esas cosas, ni siquiera logré quedar en pelota. al tipo simplemente no le funcionó el miembro, se levantó de su cama y yo quedé ahí, indignada de haber hecho tanto por nada, con mis ganas tiradas por la ventana, mi autoestima con duda por no haber provocado algo y con dinero mal gastado en condones que ni siquiera eran de su medida. Me paré, fui al baño y luego agarré todo rápidamente para irme, solo antes de irme le pregunté "¿se me queda algo?" el muy tarado miró a su al rededor y me miró callado con su cola entre las patas y se encogió de hombros, y le respondo "si, las ganas...chao" y me fui, indignada a tomar un jugo con la Michelle, a contarle mi desastroso encuentro casi sexual con el zorro, que de zorro no tenía nada, ni la astucia ni las ganas.
Y ahí quedó mi caja de condones, con un raro destino, de seis, dos resultaron ser prestados para un amigo que tenía una situación para el fin de semana, me quedaron cuatro, de los cuales uno fue inflado en un evento, otro fue usado como bombita de agua, otro fue usado y extraído a la rápida y el último se lo llevaron puesto, sólo me quedé con una triste caja vacía, una patada en la raja por un viejo mal entendido de la procedencia de la maldita caja de condones.
