Hace tiempo que no escribía, la pega me ha robado mucho tiempo extra, incluso los buenos fines de semana, pero hoy me sentí inspirada después de una penosa situación que todos debemos pasar tarde o temprano, pero mi mayor motivo para escribir hoy es el mismo motivo que siempre me incita a escribir, mi viejo, a quien le escribía mucho, y llevó consigo hasta su último respiro todas mis faltas de ortografía en algún rincón de su memoria...y las últimas venenosas palabras que le dediqué, fue como quitarme un cuchillo de la carne y enterrarlo en su carne de manera despiadada.
La reflexión nos ilumina de repente muy brígido, como en el momento menos pensado, y claro, hoy reflexioné después de una larga siesta.
Tengo una compañera en la pega, a quien en todo este corto tiempo he logrado estimar mucho, es una gran persona sin duda alguna, y una gran madre para lo joven que es. Hace poco falleció su mamá, no conocí a su vieja, pero siempre hablamos de nuestros viejos en algún momento, y claro por todo el cariño que le tengo a mi colega, fui a pasar un momento junto a ella al velorio de su madre. Era otra clase de velorio, otra clase de pena y otra clase de familia, quizás no muy apegada, pero estaban ahí, habían amigos, parientes, y compañeros.
Mi cercanía con la muerte ya es una cosa casi amistosa, en todos lados deja afectados bien; afectados mal; resilientes; lloronas compulsivas, y a quienes lloran solos en un rincón; a quienes se aguantan las ganas de llorar, y a quienes deciden hacer de la muerte un momento conmemorativo y de convivencia, que es como en este último punto que por primera vez la pena no se volvía algo insoportable sino más bien se volvia una fuerza que pasaba por sobre todo lo negativo de las carencias.Nos reímos, nos tomamos unas chelas y en un circulo nos fumamos un caño, sobre su cajón una linda foto de la extinta, una cajita con las cenizas de su mascota querida y una copita de vino, y no faltaba quien le hiciera un brindis con la pena de su alma.
Recuerdo no haber tenido esa oportunidad con mi viejo, su féretro estaba en una iglesia y como mi hermano y yo no lo veíamos hace mucho tiempo, no teníamos mayor responsabilidad más que ir y firmar un papel y luego largarnos como dos desterrados, como si fuéramos los bastardos...los extraños, detestables y malos.
Pero de algún modo corrí la suerte de verme acompañada siempre por mis amigas y amigos. Y claro la muerte cobra más sentido que nunca cuando están de algún modo esas puntuales personas, el velorio de mi viejo no fue lo que él quería,estuvo muerto muy muerto como nunca quiso, o hasta donde yo lo sabía, pero según mi mamá, que no estuvo ahí, me comentó que todo lo que yo había presenciado era lo que él menos quería, supongo que tampoco quería estar muerto para sus hijos y haber sido un padre digno antes de partir. Supongo también que el silencio se lo comió por dentro mortalmente cuando él era una persona que nunca se callaba...si posiblemente tenía muchas cosas que decir antes de partir y nunca pudo decir. Toda una ceremonia, un festín de sentimientos encontrados que a veces recuerdo y carcomen lo más profundo de mi ser.
Espero que sus muertes no sean así, espero con mi corazón que el día que llegue nuestra hora no sea con dolor ni miedo ni remordimientos. Espero también que cada velorio y ceremonia sean cada vez más marginados de la pena y la tristeza. Y que nadie siembre el rencor en el corazón de los que van quedando vivos.
por lo tanto no sé si logre vivir lo suficiente como para que mis peticiones post mortem se cumplan, si me quedo sola, espero me encuentren decente y que no pasen los días, y si estoy con alguien espero ese alguien sepa que me gustaba mucho fumar marihuana, comer a destajo y gozar de la música, beber y reírme mucho por más que anduviera amargada, odiando... a cajón cerrado, foto de juventud, y si la tecnología lo permite, que me congelen ¿Se respetan esas peticiones?. (cada cierto tiempo le comento a algunas amigas que si muero repentinamente me tiren lapices, asumiendo que seré enterrada)
Los velorios son tristes, pero podríamos transformar las cosas y modificarnos un poco culturalmente a la hora de vivir la muerte.
(Esta historia la escribí hace un par de años, después del velorio de mamá de mi amiga la Francis <3)