lunes, 31 de octubre de 2016

Bailar con el feo

Siempre digo que nunca me pasa nada interesante, cuando las mismas catástrofes que me pasan son parte de una historia llena de risas, cosas raras, y momentos que muchas veces quisiera olvidar, aunque sean poco traumaticos. 
Yo no entiendo como la gente es tan hija de puta que todo lo que uno hace para unos está bien y para otros está mal y que prácticamente por el mismo hecho de querer ser gentil te crucifican y te dejan como el malo de la película. 
Durante el verano estaba como vaga por la vida me dedicaba a emborracharme por las noches y entablar conversaciones con amigos por facebook, sin sentido alguno, pasó una noche que me habló uno de mis contactos y resultó que el tipo me invitó a tomar unas cervezas, me hice la que no quería en varias oportunidades (porque realmente no quería), pero la sed me ganó, acepté salir con el tipo. Nunca nos habíamos visto pero coincidió en que varias veces estuvimos en el mismo lugar en determinadas fechas. El tipo vendía música lo cual era un paso para entablar cierta cercanía de manera siempre amistosa, nunca fui con la doble intención, sólo el copete, la música y una buena conversación. Pero a lo que yo iba ingenuamente después de tomarme tres cervezas era directo a mi casa y así fue. Esas fueron las tres cervezas de mi vida que resultaron un real desastre. Pudo ser peor, todo por querer ser gentil, pero creo que la honestidad con la que iba no fue suficiente para este descabellado ser que a diferencia mía buscaba algo más que una simple conversación. Error número uno, accedí ir al departamento de un desconocido sola, sólo por un atractivo "tengo muchos cassettes en mi casa". Fui fascinada hablando de música con el entusiasmo de un pequeñito, cegada completamente por las ganas de ver una gran colección de cassettes. Error número dos, decir que me daba miedo algo que realmente no me daba miedo, mientras conversaba con el hombre logre captar con la vista una vídeo cinta del exorcista, cualquier cosa dentro de ese departamento era más atractivo que el dueño, el weón sólo quería apagar la luz y hacer de las suyas, hubo un momento en que quiso a toda costa toquetearme, me tomaba de la mano y yo lo corría diciéndole que no se pusiera weón, luego trataba de tomarme por la cintura lo cual tampoco dejé que pasara. En un momento me miraba tanto que me dijo que mis pechos eran pequeños y que quería que me parara para mirar cuan grande era mi trasero...O SEA!error garrafal número tres, no me paré en ese momento para salir corriendo sino que esperé lo peor. Me paré, fui al baño y cuando volví el tipo estaba sentado con puras ganas de bajarse sus cochinos pantalones. Volví a sentarme y de la nada me habló de su pene, ¡su pene! después de los errores y el pánico inducido por creer estar con un completo y feo psicópata, todo pasó a ser una penosa situación que espero ninguno de los hombres que conozco realmente la pase. El muchacho en cuestión decía tener su miembro enorme a tal punto que se paró del sillón fue a su pieza y llegó con una cinta de medir. Sólo me paré con la fuerza de mi gran honestidad y no puse ninguna excusa ni hice alusión al incomodo momento y dije "me tengo que ir, mi mamá esta sola y me espera en casa". Bendita sea mi madre que aún vive. 
  

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