La última vez que lo vi traté de ir bien en mi onda y bonita, usé una blusa de gasa negra para tapar mi reciente tatuaje, a pesar de todo lo sucedido me daba un poco de miedo que lo viera y le causara una mala impresión.
Salí del metro, iba escuchando música de Henry Mancini, para ser más específica el tema de la película Peter Gunn. Me sentía como una espía enviada por mi propia madre, directa a sacarle toda la información posible. Me vio y me abrazó, hasta hoy me cuestiono un tanto la veracidad de ese abrazo, y me duele aún cuando le extraño y me confundo.
La última vez que lo vi parecía un viejo, con olor a viejo, con salud de viejo y un caminar bastante arrastrado, la piel amarilla y tratando de darme una muy mala solución de salud...hombre malo aquel. Pero así fue la última vez que lo vi, había pasado un año sin verlo, me paso un poco de dinero, del que nunca antes fue capaz de darme. Compró una cajita de mazapán para enviarle de regalo a mi mamá, por el aniversario decía. Luego nos metimos a un callejón donde había pequeños locales de churrasco y completos, hablamos de las tele-series y me preguntó por el pololo que tenía exactamente hace un año cuando nos vimos la penúltima vez y yo estaba entusiasmada con una relación que no tuvo buen fin. No me dijo nada ni tampoco trató de darme un buen consejo al verme tan desinteresada en un tema pasado, le restregué en su rostro la frase que de seguro no quería oír..."me dejó por otra" y se tomó su bebida. Después me dejó en el metro, y ahora que me acuerdo, enojada y todo siempre caminé de la mano con él, nunca se la solté, pero entonces parecía que él ya había soltado todo, incluso su perfecto pasado. Esa fue la última vez que vi a mi papá.
Con el tiempo sólo saqué una enseñanza de vida; a todas que hayan sufrido una pérdida no permitan nunca que les digan que les hace falta una imagen paterna o un hombre que se haga cargo de ustedes, los padres, es imagen con pelotas y barba la vamos formando nosotras mismas al trabajar, al tener ganas de superarse, al pensar en las posibilidades de tener hijos solas o acompañadas, al apoderarse de una maldita de vez de nuestras propias pelotas. La última vez que lo vi, yo estaba a punto de terminar una carrera sin una gota de su apoyo y sin reclamar nunca el coste.
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