Estaba revisando un viejo correo electrónico, soy de torturarme mucho con las palabras, pero no por lo que me pueda haber dicho la gente, sino de lo que dije yo en algún momento.
A veces encuentro escritos y los desconozco totalmente por la fuerza que llevan esas oraciones, y me encontré precisamente con el espejismo de mis sentimientos abandonados hace algún tiempo.
Este año cumpliré 3 años sobria de relaciones amorosas, sin ser querida por nadie que no sean mis amigas, mi hermano y mi amada madre. Es raro sentarse a pensar por qué motivo una lleva tanto tiempo sola, no me incomoda, lo he pasado bien de algún modo u otro, me "pelé" lo suficiente como para seguir pensando que podría pasarme la vida sólo en simples "touch and go". Pero la realidad es que como mujer hay un diminuto e insignificante vacío que debe ser llenado con alguien, la esquina sin importancia del rompecabezas, y como buena recordadora y autoflgeladora...abrí mi viejo correo para revisar qué pasó con mi última esquina del rompecabezas sin importancia, que cosas le dije...y recordé en esas letras a una mujer sola dándose cuenta de lo maravillosa que puede ser.
Recuerdo que lo quería mucho, pensaba que ese hombre sería el definitivo sin comprometer grandes sentimientos, sólo saber que el siguiente paso a dar era por fin llegar a amar a alguien sin tener que poner barreras y condiciones, pero el destino una vez más me dobló la mano, por pendeja, y es que haciendo pendejadas unas se da cuenta de lo que vale. Entonces me encontré con esa frase que me dolió, sin saber en ese momento que le escribía de manera honesta como me sentía: "...sólo fue la mala costumbre de pensar que yo no le importaba a nadie...". Esa fue una de mis explicaciones sin poner mi escudo protector de hombres malos, la frase en forma de filosa cuchilla con la que me he abierto los ojos para ver que el amor le llega hasta la más abandonada, porque al final uno cree, piensa y tiene la idea sobre la soledad como un terrible mal.
La labor es dejar las creencias y concretar los actos de manera desinteresada. Porque así fue la última vez que quise a alguien, de manera fugaz, esperé más de mí que de la otra persona y terminé por descubrir que tengo algo mucho más incondicional que el manoseado amor, no sé cómo llamarle, quizá porque las palabras sólo reflejan un símbolo y esto que tengo es una acción impagable que será brindada al individuo indicado, que por cierto tampoco espero.

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