Me ha tocado ver muchas situaciones incómodas en otras mujeres desde que salí a enfrentar al mundo, niñas caminando con la falda enganchada a la mochila, muchachas con el culo manchado con sangre (hasta a mi me ha tocado esa incómoda situación)flatulencias varias, soportar "piropos" indeseados o la mierda que se les pueda ocurrir, cualquier tipo de bochorno público.
La mayor parte del tiempo, en la calle o en el metro, nos vemos rodeados de una cantidad colosal de mujeres, de todas las edades y haciendo de todo, sobre todo viejas, viejas reclamando, viejas pidiendo el asiento, viejas corriendo por el asiento, viejas locas, viejas enfermas, viejas tristes, viejas ravotril, viejas alcohólicas, viejas menopausicas (una vez le dije a mi mamá "cállate vieja menopausica")viejas culiás, viejas vendiendo, viejas comprando, viejas y más viejas, y nosotras vamos para allá quizás con una mentalidad más moderna, quizás en mi caso termine como una vieja marihuanera, quizás alguna amiga como vieja feliz, tal vez otra como vieja viajera, vieja guatona, vieja sabelo todo. Pero me quiero ir a la parte más medular de este índice de viejas, la vieja enferma. Porque la vieja enferma quizás estuvo enferma cuando era joven o sufre cierta enfermedad desde que era muy joven, incluso desde que nació. Una mujer puede sufrir algún tipo de cáncer a cualquier edad, las células no discriminan por edad, tengan por seguro aquello, la mala cuea puede tocar la puerta de quien sea a la edad que sea.
Hace unos años una tía mía, hermana menor de mi madre, sufrió cáncer de mama, le tuvieron que hacer una extirpación de pecho, estuvo en quimio y quedó peladita a causa del efecto de esta. La peleó brigidamente, incluso recuerdo que ese año para el abrazo de año nuevo nos vimos las caras después haber tenido algunos inconvenientes y porque no nos habíamos visto en un largo tiempo, cada quien tenía sus problemas ni uno más grande que el otro, así que solo nos abrazamos fuerte y nos largamos a llorar y a apretarnos más, yo le acaricié su calva cabeza y ella mi larga cabellera. No soy muy cariñosa o cercana con mis tías, pero puta, somos mujeres, y en ese abrazo éramos una mujer con cáncer y una mujer con traumas paternales. Lo superó, luego de todo ese suplicio, quedando ferozmente demacrada, ahora está pulentamente bien.
Lo cierto es que cuando enfrentamos al mundo, incluso siendo este mundo un pequeño mundo, te das cuenta que hay mucho más, y es ahí donde vuelvo a mi trabajo anterior, la tienda de ropa. Todas la semanas llegaba una señora, a veces llegaba sola y otras con su hija que parecía una barbie. La señora tenía cáncer de pulmón, y un día fue muy honesta, nunca había fumado en su vida, y que estaba preparada para lo que fuera. Muchas veces pensé que su última alternativa era comprar ropa para distraerse un poco y no pensar en todo ese daño que llevaba consigo, siempre muy fiel a sus gustos y nada la haría cambiar de opinión.
Pero sin duda la vez que me tocó ver a una mujer con cáncer sin decir que lo tenía fue a una vieja loca, de esas que hablan y todo el mundo las escucha, daba la impresión como si fuera la actriz más excéntrica de todo "joliwud". Entró, miró algunas prendas y luego se probó los sombreros, no hallaba manera de acomodarse alguno, me miró y me preguntaba cual le quedaba mejor, y yo trataba de ayudarla con algunos, pero al mirarla sabía muy bien que ese cabello tan plástico era un gran impedimento para probarse bien los sombreros. Pero yo ahí, fiel a mi neutra opinión, esperando a que ella se gustara con lo que más se sintiera cómoda. Agarró un par de sombreros, se paró frente al espejo, en medio de todas esas locas buscando algo único y exclusivo... ¡y se sacó la peluca! En ese momento quería pararme sobre el mesón a aplaudir, y sólo me reduje a decirle a mi amigo y compañero "mencanta". La vieja no se llevó nada, pero me dejó un hermoso recuerdo, una de las tantas cosas que espero no olvidar jamás y un ejemplo de valor, que no siempre hay que hacerse la pobre vieja enferma si es mucho más divertido ser una vieja loca y sinvergüenza.

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