lunes, 15 de agosto de 2016

Se queja la amargada, llora la guagua

Hace ya un par de meses llegaron unos vecinos nuevos al departamento de al lado, la pieza matrimonial colinda con mi pieza.
Unas cuantas semanas atrás, una noche de viernes comenzó una riña de pareja y yo para mi mala cuea tenía que trabajar al día siguiente, se golpearon, se gritaron huevadas. Daba como para llamar a los pacos y denunciar un evidente maltrato pero me envolé tanto con la pelea que...de pura casualidad, escuché todo lo que se "decían": 
"Maraca conche tu mare", "guacho culiao", "yo amo más a mi hija que voh", "flojo, borracho, drogadicto","voh que te vay con esas maracas" (el maraqueo parecía ser el problema de la situación) etc. Una cátedra de palabras de buena crianza por parte de dos personas de clase media baja con escueto vocabulario. De doce de la noche a tres de la madrugada duró todo este drama, entre conciliar el sueño y escuchar a este par de monos no lograba llegar a mi divino sopor. No fue de mala persona que no llamé, fue de justa, entre esos gritos y ahorcados llantos de mujer escuchaba un "¡matame, matame!" intrínseco que más que una inquietud me causaba una gran molestia.
Me levanté de mi cama para dar aviso a mi madre quien dormía plácidamente en su habitación y no sabía como remediar, se le había perdido el número de los pacos, así que mi opción más rápida y desesperada fue agarrar una piedra que guardo en mi pieza golpearla fuerte contra la pared y gritar, muy molesta, "¡QUIERO DORMIR CONCHE TU MADRE!" se había acabado el maldito show. No se ha vuelto a repetir semejante número gracias a la vida, pero esta no me ha dado tanto puesto que mis adorables vecinos insisten con sus ruiditos, antes del problema con las maracas me resultaba muy curioso otro ruido, sonidos sexuales, parece que la más ruidosa es la mina, llegaron y chum pa'entro, pelean y chum pa'entro. No quiero sonar a solterona amargada, pero que importa, ya lo soy, me enfada, a parte de tener que escuchar su maldita pelea, escuchar sus malditos sonidos a la hora que tienen sexualidad ¡no quiero escuchar a dos malditas personas tirando! pero mi gran consuelo es que nunca le he escuchad un glorioso orgasmo y justo hace un rato estaban de lo más más y muy muy pegándose algo que pudo ser el polvo de sus vidas, pero justo la bendita guagua se había puesto a llorar, nunca un llanto de bebé me resultó tan agradable.   

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