martes, 8 de agosto de 2017

El matrimonio...y otras situaciones

El matrimonio, esa divina institución sagrada de unión política, civil, económica y el resto de sus variantes, es una de las partes en las que la vida de la mujer casada se ve potencialmente arruinada. Si bien es cierto, el matrimonio ha sido pactado desde que tenemos acceso al conocimiento, este servía, SERVÍA, para acuerdos y tratados de poder, alianzas políticas, y proporcionarle seguridad y estabilidad al heredero real. El matrimonio así como el divorcio, tienen una posición sobre nuestra línea de tiempo que va mucho más atrás del siglo xv.
No he venido a escribir o hacer cátedra de la historia sobre las uniones civiles entre dos personas, ni tampoco a dar la lata.
Creo ser de esas personas que en un momento se niegan a algo y luego, sin que nadie me quite las manos de los ojos, lo descubro, lo pienso y lo replanteo. Siempre digo que espero estar viva cuando todo este trogloditismo termine de una maldita vez, pero estamos a años luz de lograrlo. Seguimos viendo a los mismos vinagres de siempre peleando por la dictadura en televisión, escuchando a maracas decirse maracas las unas a las otras, viendo como el niñito malcriado se echa encima a su familia y al mundo entero por ser tan "aweonao" y déspota, escuchando a esos comunicadores que defienden tanto el hemisferio derecho aparentando intelecto y haciendo alarde sobre el mal forzado camino que ha tomado para obtener riquezas, porque finalmente todo eso, cada característica de los puntos mencionados forman a una esposa que espera demasiado, a una mujer ilusionada, a una mujer tristemente decepcionada. Hoy gracias a este profundo pensamiento, puedo decir que el matrimonio no es sólo el peor negocio que pueda hacer el hombre, es también la peor manera de buscar una solución a la disolución de este y quitar herramientas necesarias a la vida de la mujer, porque todo, en el matrimonio, se reduce a tener hijos, ser una buena mujer para que el hombre sea bueno, dar una buena crianza, planchar, cocinar, lavar, ordenar, y trabajar, como si todo lo anterior no fuera un trabajo. 

Muchos años las mujeres se limitaron sólo a la casa y la crianza, lo cual, siento yo que ha creado a mujeres que durante todo ese tiempo de casa y crianza, fueron mujeres incapaces...incapaces de golpear la mesa, incapaces de nutrir el pensamiento, cuando lo único que debía hacer una mujer de buena crianza era saber cocinar y planchar, porque así se les enseñaba a las señoritas, señoritas como mi madre que un día el marido se fue con otra sin rechistar y tuvo que golpear la mesa, las paredes y al marido, que por suerte y para bien de esta "poco avispada" mujer, como decía él, se ganó todo el negocio. Pero resulta ser que hoy no cargo sólo con un mal encaminado matrimonio que ha terminado con un hombre muerto, y dos mujeres vencedoras, no se si son las decisiones tan diferentes que a finales del siglo pasado cambiaron por otras más modernas, pero entre mis familiares las mujeres han tenido muy poco tino para esas uniones civiles, han aceptado a hombres de muy poco valor en sus vidas, quedándose sólo con palabras vacías de amor hasta que la muerte nos separe e hijos en común, sin techo ni trabajo porque no les dio para más, arrendando, consiguiendo y a puras paleteadas un techo para existir. Si bien la mayoría cuenta con un buen respaldo porque han tenido la suerte de contar con buenos apoyos como maridos al otro resto se les vio afectada por weones abrumadoramente machistas que no dieron un puto peso por ellas, esos mismos que velan por el hemisferio derecho de toda esta podrida sociedad, han sido timados y engañados por hechos inconclusos, tanto como sus matrimonios que lamentablemente aún no concluyen. Hace años debo lidiar con el amparo "gracias" al infortunio de mujeres que pudieron ser mi madre, de las que aún no pueden golpear la mesa como quieren, que se escuche en todas partes, de las que aún no concluyen esa parte que les quita vida para ganarse la propia porque están atadas a la idea del amor y esa cochina institución que sólo te asegura los bienes, los cuales ellas no tienen aún. Pero sólo digo que esto es un avance, un pequeño porcentaje de ese gran cambio que debemos traer. Hoy se rompe un eslabón de la cadena que nos retiene. Gracias a las ideas, gracias a las ganas de trabajar y a las ganas de saber que en unos años más a mi o a ti no nos pondrán el pie encima para vivir.     

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